Sobre LUDO Circus Show

Sobre LUDO Circus Show

Alguien dijo: “La madurez es volver a encontrar la seriedad con la que se jugaba de niño”

Desde el principio la idea de LUDO era tan sencilla como difícil de iniciar. Se planteaba crear un espectáculo a partir del concepto del juego. Más allá de lo obvio y las ideas que pueda generar algo tan explícito como el juego y el circo, mi intención era indagar y usar todo lo que el juego nos dá en el momento justo de desarrollarse. Me refiero al placer inmenso que aparece por el simple hecho de estar jugando, la competitividad, la alerta, la disponibilidad, la sencillez de cómo una persona individualmente puede estar y ser, sin más, cuando juega.
El juego nos lleva a un estado lúdico y a una alegría que viene de la competitividad y el afán de ganar o conseguir los objetivos del juego que se esté desarrollando. En palabras sencillas, el juego nos hace verdaderos en nuestras acciones y reacciones y portadores de una energía única y especial.
El juego nos pone en desequilibrio, nos lleva justo hasta la línea donde perdemos el control gracias al empeño de ganar o hacerlo bien y al transitar por esa línea es cuando aparece esa energía especial que hace que se nos iluminen los ojos de placer.

El objetivo en LUDO es usar ese estado en todo momento para crear las escenas y relaciones de los interpretes.

Este planteamiento parece sencillo en un principio pero lo más complicado es crear un ambiente de juego donde los siete componentes encuentren su sitio y que la energía de los juegos correspondan a cada uno por igual. Es como encontrar el juego del grupo, el equilibrio, la esencia que hace mover a todo el grupo en torno a un juego o una situación. En definitiva había que crear una pandilla de barrio que se junta para jugar en la plaza todas las tardes. Y aunque jugasen a cosas diferentes siempre imperaba la misma energía y forma de hacer. En Ludo esta energía es la de “putear” al compañero.
El contexto de LUDO nos lleva a imaginar las fábricas o almacenes abandonados donde nos colábamos de pequeños con nuestros amigos y nos dábamos al juego con todo lo que nos encontrábamos sin nigún motivo, lo hacíamos porque era divertido.

LUDO ha sido una creación basada en las relaciones de los interpretes y no de los personajes. Mediante juegos e improvisadas escenas con objetos se han encontrado las relaciones que cada integrante tiene con los demás y con el grupo. Ha sido un proceso complicado puesto que el director y dramaturgo estaba también en ese grupo de juego y lo roles desde un principio estaban impuestos.
Digamos que ha sido algo así como ingeniería escénica. La mayor parte del tiempo ha imperado el caos y el desorden propios del jugar en la plaza del barrio. Esta manera tenía sus contras puesto que el objetivo final era crear un espectáculo y por este motivo todos los interpretes se sentían perdidos la mayor parte del tiempo, pero a mi parecer, era importante que fuese así porque el grupo debía consolidarse y establecer las relaciones desde cada persona. El que siempre llega tarde, el que obedece sin rechistar, la que mira el móvil cuando tiene oportunidad, el que siempre está en el baño, el que se agobia ante tanto caos, el gracioso del grupo, la que propone todo el rato. La verdad, hubiera sido genial tener un mes más para profundizar realmente en todas estas relaciones y esencias personales.
Para el proceso se ha usado la base absoluta que para mí usa un clown, el placer del juego y el desequilibrio. Pero no es un espectáculo de clown. Es un espectáculo que trata de ser verdadero en cada representación gracias a la frescura que el juego provoca en los intérpretes. El objetivo principal era hacer un espectáculo en el que cada uno de los siete que están en escena, junto con el músico, se lo pasaran bien en todo momento. Un espectáculo que cada vez que haya que hacerlo sea una alegría absoluta porque sabes que te lo vas a pasar muy bien y para mí es la única forma de que el público disfrute de la misma manera.

El proyecto de LUDO ha sido un caos absoluto, cuando me asaltaba la duda de hacia donde ir o donde girar siempre me calmaba la idea de que el espectáculo ya estaba escrito antes de empezar con la creación, años antes incluso. Sólo tenía que estar atento para ir descubriendo cada línea, gesto o musicalidad de cada escena. Y así ha sido.

ANTONIO J. GÓMEZ
Dirección y dramaturgia